Los 10 tipos de argumentos (y cómo usarlos con éxito)

Una pequeña guía para mejorar tu capacidad de debate.
Los 10 tipos de argumento y cómo utilizarlos

¿Sabes qué significa argumentar? ¿Y en qué consiste un texto argumentativo? Cuando argumentamos sobre alguna temática o idea, pretendemos convencer o persuadir al receptor para que piense de dicha forma.

Pero se puede argumentar a través de diferentes tipos de argumentos, y de formas diversas. En este artículo conoceremos los 10 tipos de argumentos; su definición, características, ejemplos y cómo usarlos con éxito.

La argumentación y los textos argumentativos

Argumentar implica buscar ideas o conceptos que permitan defender una idea concreta, y a través de ello, persuadir o convencer a otra persona para que piense de igual forma. Así, la argumentación puede realizarse a través de un texto argumentativo, eso es, un documento escrito que recoja todas estas ideas y argumentos. Dicho texto lo usaremos para persuadir al receptor.

De esta manera, cuando argumentamos intentamos que la otra persona acabe compartiendo nuestra opinión o nuestra visión de las cosas (o de un determinado tema). Es decir, el texto argumentativo lleva implícita la intención comunicativa de persuadir o convencer. Para lograrlo debemos aportar razones, argumentos y explicaciones sólidas, que pueden ser de muchos tipos.

Se puede argumentar prácticamente de todo: religión, política, educación, ética, valores, ciencia, etc. ¿Cuándo se utilizan especialmente los textos argumentativos? En debates de opinión, mesas redondas, etc.

Cómo usar con éxito los 10 tipos de argumentos

Vamos a ver los 10 tipos de argumentos que existen, aunque pueden haber algunos más. Estos, en concreto, los clasificaremos sobre todo en función de en qué se basan para defender ciertas ideas.

1. Argumento basado en la autoridad

El argumento basado en la autoridad consiste en un argumento donde se utilizan testimonios de personas o profesionales importantes en su campo, que suelen ser expertas en un tema.

También se pueden usar citas, frases célebres, ejemplos, etc., siempre y cuando tengan relación con una figura importante o especialista en la temática que estamos defendiendo (es decir, que esas ideas sean defendidas por esas personas).

Para usar con éxito un argumento de autoridad, lo ideal es que se trate de un argumento sólido y representativo, que conecte con el tema central que estamos tratando; no sirve únicamente que sea una explicación o idea de una figura relevante.

Este tipo de argumento puede servir para reforzar nuestras ideas o hipótesis a través de una explicación realizada por un experto o una persona prestigiosa y/o que ha conseguido éxitos en esa materia. Un ejemplo del mismo sería: “Según expertos en psicología, las personas que hablan mucho…

2. Argumento basado en la mayoría

El siguiente de los tipos de argumentos es el argumento basado en la mayoría. Quizás menos eficaz que el anterior, consiste en recurrir a lo que opina o piensa la mayoría de la gente en relación a un tema, para reforzar nuestras ideas.

Así, para utilizarlo con éxito, se debe hacer hincapié en que muchísimas personas piensan de igual manera, lo que implícitamente conlleva que sea “lógico” o de sentido común pensar así (aunque, evidentemente, no siempre lo que piense la mayoría es lo correcto o lo verdadero).

Un ejemplo de argumento de la mayoría sería: “La mayoría de las personas piensan que fumar es malo, así que…

3. Argumento basado en el conocimiento

También llamado argumento basado en la experiencia, el argumento del conocimiento se basa fundamentalmente en los datos. Esos datos nos ayudarán a defender y representar mejor nuestras ideas. Así, este tipo de argumento se basa, por un lado, en el conocimiento general, y por el otro, en las experiencias que vamos viviendo.

De esta manera, permite ilustrar ejemplos de cómo nos hemos sentido ante determinadas situaciones, o qué hemos vivido en relación a un tema concreto (al tema que estamos defendiendo), etc. También se extiende a terceras personas (por ejemplo defender nuestra idea a través de vivencias de personas cercanas).

Para usarlo con éxito, este tipo de argumento debe ser real, es decir, es mejor que no nos inventemos experiencias o que no las exageremos; así, debe ser creíble y representar situaciones que además, les pueden ocurrir a otros. Un ejemplo del mismo sería: “A mi pasó esta situación y la viví de esta manera…

4. Argumento de causa-efecto

El siguiente de los tipos de argumentos es el de causa-efecto. Este hace alusión a una manera concreta de plantear las cuestiones: por ejemplo “si bebes mucha agua, retendrás menos líquidos”.

Es decir, como su propio nombre indica, lleva implícito una causa y un efecto derivado de dicha causa. Para utilizarlo con éxito debemos emplear una causa verdadera, que tenga sentido y que realmente provoque tal consecuencia o efecto.

Además, una buena idea es utilizar causas y efectos generales, es decir, no reducir nuestra afirmación a un caso concreto y aislado.

Tipos de argumento

5. Argumento basado en los ejemplos

Los ejemplos también son tipos de argumentos. Se pueden emplear ejemplos para prácticamente cualquier argumento; una buena forma de utilizarlos es enumerar unos cuantos pero sin “pasarse”, ya que el lector o el oyente puede saturarse o perder el hilo.

6. Argumento a favor

Los argumentos a favor son aquellos que van en concordancia con nuestra hipótesis, es decir, que la validan, la confirman. Por ejemplo “dejar de fumar es bueno para la salud porque reduce el riesgo de padecer un cáncer”. Para utilizarlos, lo ideal es que aporten datos relevantes y contrastados.

7. Argumento en contra

Estos tipos de argumentos serían el contrario que los anteriores. Indican razones para refutar una determinada hipótesis (o para confirmarla), dependiendo del caso. Se centran en desvalorizar algo, en demostrar las desventajas de ciertas acciones, situaciones, etc.

Pretenden convencer al oyente o al lector de que “X” cosa no es beneficiosa; por ejemplo “fumar aumenta el riesgo de padecer cáncer, reseca la piel, oscurece los dientes…”

8. Argumento basado en las descripciones

El octavo de los tipos de argumentos es el llamado argumento descriptivo o basado en las descripciones. Como su propio nombre indica, se basa en el uso de las descripciones para defender una idea.

Las descripciones implican el hecho de recoger diferentes detalles o aspectos de una situación para explicar cómo es. Para utilizarlos con éxito, podemos optar por descripciones detalladas pero no demasiado extensas; esos detalles, además, deben ser significativos e ilustrativos y enriquecer el texto.

9. Argumento basado en las definiciones

El argumento basado en las definiciones se fundamenta en las explicaciones de lo que son las cosas, del para qué se utilizan ciertos conceptos, etc.

Para que estos tipos de argumentos resulten efectivos, debemos vigilar cómo los utilizamos, ya que las palabras o conceptos pueden tener significados diversos; además, su uso varía en función del contexto, del momento, etc.

Un ejemplo del mismo sería: “las mesas son muebles que pueden ser de madera, pero también de metal, o de otros tipos de materiales…”

10. Argumento basado en los valores

El siguiente tipo de argumento se fundamenta en los valores; es decir, estos tipos de argumentos se centran en remarcar los valor éticos o morales propios de uno mismo y/o de la idea que estamos intentando defender.

Para utilizarlos con éxito, podemos optar por emplearlos sobre todo cuando tratamos temas filosóficos o morales. Permiten reforzar nuestras ideas por el camino de la justicia y la moral. Por ejemplo: “mentir no es ético porque daña a las personas…”.

Referencias bibliográficas

  • Anscombe, J.C. y Ducrot, O. (1994). La argumentación en la lengua. Madrid, Gredos.

  • Campagna, M.C. y Lazzeretti, A. (1998). Lógica, argumentación y retórica. Buenos Aires, Biblos.

  • Plantin, C. (1998). La argumentación. Barcelona, Ariel (Ariel Practicum).

Laura Ruiz Mitjana (Barcelona, 1993) es graduada en Psicología por la Universitat de Barcelona, con Máster en Psicopatología Clínica Infantojuvenil por la Universitat Autònoma de Barcelona. Se especializó en Trastornos del Neurodesarrollo. Actualmente trabaja como Psicóloga infantil en la Associació Catalana del Síndrome X Frágil y es redactora de contenidos de psicología y neurociencias en portales como MedSalud y Psicología y Mente.