Los 25 mejores poemas de Pablo Neruda

2 weeks ago

Maria Weevs

Este artículo recoge los mejores 25 poemas escritos por Pablo Neruda, el inconmensurable poeta chileno que encandiló a todo el mundo hispano con su gran sensibilidad y arte literario

Los 25 mejores poemas de Pablo Neruda
mejores-poemas-neruda Fuente: Pixabay

Pablo Neruda es el nombre por el que se conocía al gran poeta chileno Ricardo Eliezer Neftalí Reyes Basoalto, pues su padre estaba disconforme con que usara el apellido familiar. Nacido en 1904 y fallecido en 1973, llegó a ser también diplomático y fue una persona muy influyente en Chile y en el mundo hispano durante el siglo XX.

Las cosas en Chile se pusieron tensas, pues fue el más duro crítico del presidente Gabriel González Videla. Las críticas fueron directas, y el gobierno solicitó su detención. Neruda entonces se exilió en Buenos Aires, París, y luego a diferentes países como Italia, Rumania, India, México o Hungría.

El siempre tuvo a su pluma como aliada en todos estos destinos, y recibió grandes reconocimientos, siendo seguramente el Premio Nobel de Literatura en el año 1971 el más notorio.

Top 25 de los mejores poemas de Pablo Neruda

Siendo uno de los autores en lengua española más reconocidos del siglo XX, llegó a escribir muchos poemas. Su calidad literaria es la de un verdadero maestro, y es una suerte que hoy podamos leer su legado. A continuación presentamos una selección de 25 de los mejores poemas de Neruda.

1. Soneto 22

Cuántas veces, amor, te amé sin verte y tal vez sin recuerdo,

sin reconocer tu mirada, sin mirarte, centaura,

en regiones contrarias, en un mediodía quemante:

eras sólo el aroma de los cereales que amo.

Tal vez te vi, te supuse al pasar levantando una copa

en Angola, a la luz de la luna de Junio,

o eras tú la cintura de aquella guitarra

que toqué en las tinieblas y sonó como el mar desmedido.

Te amé sin que yo lo supiera, y busqué tu memoria.

En las casas vacías entré con linterna a robar tu retrato.

Pero yo ya sabía cómo era. De pronto

mientras ibas conmigo te toqué y se detuvo mi vida:

frente a mis ojos estabas, reinándome, y reinas.

Como hoguera en los bosques el fuego es tu reino.

El amor no correspondido es una vivencia muy sufrida, y el recuerdo que nace de ahí puede acompañar toda una vida. Ese sentimiento de amor puede mantenerse intacto en el tiempo y ser fuente de desesperanza al igual que de una cierta nostalgia, pues en los tiempos pasados se compartía tiempo con la persona amada.

2. Amor

Mujer, yo hubiera sido tu hijo, por beberte

la leche de los senos como de un manantial,

por mirarte y sentirte a mi lado y tenerte

en la risa de oro y la voz de cristal.

Por sentirte en mis venas como Dios en los ríos

y adorarte en los tristes huesos de polvo y cal,

porque tu ser pasara sin pena al lado mío

y saliera en la estrofa -limpio de todo mal-.

Cómo sabría amarte, mujer, cómo sabría

amarte, amarte como nadie supo jamás!

Morir y todavía amarte más.

Y todavía amarte más y más.

Estos versos expresan un sentimiento muy profundo de deseo hacia un amor no consumado. Las palabras son de una intensidad tremenda, y la frustración de quien las protagoniza es evidente al no poder haber tenido la oportunidad de expresar su amor por esa mujer.

3. Tengo miedo

Tengo miedo. La tarde es gris y la tristeza

del cielo se abre como una boca de muerto.

Tiene mi corazón un llanto de princesa

olvidada en el fondo de un palacio desierto.

Tengo miedo. Y me siento tan cansado y pequeño

que reflejo la tarde sin meditar en ella.

(En mi cabeza enferma no ha de caber un sueño

así como en el cielo no ha cabido una estrella.)

Sin embargo en mis ojos una pregunta existe

y hay un grito en mi boca que mi boca no grita.

No hay oído en la tierra que oiga mi queja triste

abandonada en medio de la tierra infinita!

Se muere el universo, de una calma agonía

sin la fiesta del sol o el crepúsculo verde.

Agoniza Saturno como una pena mía,

la tierra es una fruta negra que el cielo muerde.

Y por la vastedad del vacío van ciegas

las nubes de la tarde, como barcas perdidas

que escondieran estrellas rotas en sus bodegas.

Y la muerte del mundo cae sobre mi vida.

El miedo, la pena y la agonía es lo que siente quien está detrás de estos versos, que lo azotan muy fuertemente. Los sentimientos son tan intensos que la propia cordura se ve en entredicho, otorgando al narrador de una percepción de la experiencia existencial muy poco llevadera.

4. Cien sonetos de amor

Desnuda eres tan simple como una de tus manos:

lisa, terrestre, mínima, redonda, transparente.

Tienes líneas de luna, caminos de manzana.

Desnuda eres delgada como el trigo desnudo.

Desnuda eres azul como la noche en Cuba:

tienes enredaderas y estrellas en el pelo.

Desnuda eres redonda y amarilla

como el verano en una iglesia de oro.

Desnuda eres pequeña como una de tus uñas:

curva, sutil, rosada hasta que nace el día

y te metes en el subterráneo del mundo

como en un largo túnel de trajes y trabajos:

tu claridad se apaga, se viste, se deshoja

y otra vez vuelve a ser una mano desnuda.

Este poema está dedicado a la belleza embriagadora de una mujer. El narrador se ve superado por los pensamientos hacia su cuerpo y se recrea en un imaginar esta mujer desnuda con mucha delicadeza y amor.

5. No culpes a nadie

Nunca te quejes de nadie, ni de nada,

porque fundamentalmente tú has hecho

lo que querías en tu vida.

Acepta la dificultad de edificarte a ti

mismo y el valor de empezar corrigiéndote.

El triunfo del verdadero hombre surge de

las cenizas de su error.

Nunca te quejes de tu soledad o de tu suerte,

enfréntala con valor y acéptala.

De una manera u otra es el resultado de

tus actos y prueba que tu siempre

has de ganar...

No te amargues de tu propio fracaso ni

se lo cargues a otro, acéptate ahora o

seguirás justificándote como un niño.

Recuerda que cualquier momento es

bueno para comenzar y que ninguno es

tan terrible para claudicar.

No olvides que la causa de tu presente

es tu pasado así como la causa de tu

futuro será tu presente.

Aprende de los audaces, de los fuertes,

de quien no acepta situaciones,

de quien vivirá a pesar de todo,

piensa menos en tus problemas

y más en tu trabajo y tus problemas

sin eliminarlos morirán.

Aprende a nacer desde el dolor y a ser

más grande que el más grande de los obstáculos,

mírate en el espejo de ti mismo

y serás libre y fuerte y dejarás de ser un

títere de las circunstancias porque tú

mismo eres tu destino.

Levántate y mira el sol por las mañanas

y respira la luz del amanecer.

Tú eres parte de la fuerza de tu vida,

ahora despiértate, lucha, camina,

decídete y triunfarás en la vida;

nunca pienses en la suerte,

porque la suerte es:

el pretexto de los fracasados…

Este poema no trata de amor, sino de culpa. Trata de transmitir que es mediocre culpar a las otras personas y que debemos trabajar sobre nosotros mismos y salir adelante de lo que nos plantea la vida con la mejor actitud posible.

6. Amiga, no te mueras

Amiga, no te mueras.

Óyeme estas palabras que me salen ardiendo,

y que nadie diría si yo no las dijera.

Amiga, no te mueras.

Yo soy el que te espera en la estrellada noche.

El que bajo el sangriento sol poniente te espera.

Miro caer los frutos en la tierra sombría.

Miro bailar las gotas del rocío en las hierbas.

En la noche al espeso perfume de las rosas,

cuando danza la ronda de las sombras inmensas.

Bajo el cielo del Sur, el que te espera cuando

el aire de la tarde como una boca besa.

Amiga, no te mueras.

Yo soy el que cortó las guirnaldas rebeldes

para el lecho selvático fragante a sol y a selva.

El que trajo en los brazos jacintos amarillos.

Y rosas desgarradas. Y amapolas sangrientas.

El que cruzó los brazos por esperarte, ahora.

El que quebró sus arcos. El que dobló sus flechas.

Yo soy el que en los labios guarda sabor de uvas.

Racimos refregados. Mordeduras bermejas.

El que te llama desde las llanuras brotadas.

Yo soy el que en la hora del amor te desea.

El aire de la tarde cimbra las ramas altas.

Ebrio, mi corazón. bajo Dios, tambalea.

El río desatado rompe a llorar y a veces

se adelgaza su voz y se hace pura y trémula.

Retumba, atardecida, la queja azul del agua.

Amiga, no te mueras!

Yo soy el que te espera en la estrellada noche,

sobre las playas áureas, sobre las rubias eras.

El que cortó jacintos para tu lecho, y rosas.

Tendido entre las hierbas yo soy el que te espera!

Este es un poema especialmente triste. Una amiga del narrador está en grandes dificultades para sobrevivir y en esta pieza se describe la agonía y la lucha que está librando. Es imposible que estos versos que demuestran gran desesperación no nos toquen en lo más profundo de nuestro ser.

7. Me peina el viento de los cabellos

Me peina el viento los cabellos

como una mano maternal:

abro la puerta del recuerdo

y el pensamiento se me va.

Son otras voces las que llevo,

es de otros labios mi cantar:

hasta mi gruta de recuerdos

tiene una extraña claridad!

Frutos de tierras extranjeras,

olas azules de otro mar,

amores de otros hombres, penas

que no me atrevo a recordar.

Y el viento, el viento que me peina

como una mano maternal!

Mi verdad se pierde en la noche:

no tengo noche ni verdad!

Tendido en medio del camino

deben pisarme para andar.

Pasan por mí sus corazones

ebrios de vino y de soñar.

Yo soy un puente inmóvil entre

tu corazón y la eternidad.

Si me muriera de repente

no dejaría de cantar!

Este poema es Neruda en estado puro, pues en él se puede apreciar la grandeza de su arte creativo a la hora de realizar versos llenos de reflexión. El autor muestra en este poema diferentes conflictos interiores que siente relacionados con el deseo.

8. Poema 1

Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos,

te pareces al mundo en tu actitud de entrega.

Mi cuerpo de labriego salvaje te socava

y hace saltar al hijo del fondo de la tierra.

Fui sólo como un túnel. De mí huían los pájaros,

y en mí la noche entraba en su invasión poderosa.

Para sobrevivirme te forjé como un arma,

como una flecha en mi arco, como una piedra en mi honda.

Pero cae la hora de la venganza, y te amo.

Cuerpo de piel, de musgo, de leche ávida y firme.

¡Ah los vasos del pecho! ¡Ah los ojos de ausencia!

¡Ah las rosas del pubis! ¡Ah tu voz lenta y triste!

Cuerpo de mujer mía, persistiré en tu gracia.

Mi sed, mi ansia sin límite, mi camino indeciso!

Oscuros cauces donde la sed eterna sigue,

y la fatiga sigue y el dolor infinito.

El Soneto 22 forma parte de “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”. En este libro Neruda expresa el duro dolor que se sufre por un amor que se anhela. Sin poder poseer este amor, lo vive, y habla del cuerpo de esa mujer desde un punto físico pero también espiritual, experimentando la angustia de no estar con ella.

9. Soneto 93

Si alguna vez tu pecho se detiene,

si algo deja de andar ardiendo por tus venas,

si tu voz en tu boca se va sin ser palabra,

si tus manos se olvidan de volar y se duermen,

Matilde, amor, deja tus labios entreabiertos

porque ese último beso debe durar conmigo,

debe quedar inmóvil para siempre en tu boca

para que así también me acompañe en mi muerte.

Me moriré besando tu loca boca fría,

abrazando el racimo perdido de tu cuerpo,

y buscando la luz de tus ojos cerrados.

Y así cuando la tierra reciba nuestro abrazo

iremos confundidos en una sola muerte

a vivir para siempre la eternidad de un beso.

El amor y la muerte se encuentran en este poema, exaltando la contraposición entre el uno y el otro. Un proceso de duelo muy sentido viene expresado en esta pieza, en donde el narrador sabe que no hay más remedio que el propio amor y el recuerdo.

10. Agua sexual

Rodando a goterones solos,

a gotas como dientes,

a espesos goterones de mermelada y sangre,

rodando a goterones,

cae el agua,

como una espada en gotas,

como un desgarrador río de vidrio,

cae mordiendo,

golpeando el eje de la simetría,

pegando en las costuras del alma,

rompiendo cosas abandonadas,

empapando lo oscuro.

Solamente es un soplo,

más húmedo que el llanto,

un líquido,

un sudor,

un aceite sin nombre,

un movimiento agudo,

haciéndose,

espresándose,

cae el agua,

a goterones lentos,

hacia su mar,

hacia su seco océano,

hacia su ola sin agua.

Veo el verano extenso,

y un estertor saliendo de un granero,

bodegas, cigarras,

poblaciones, estímulos,

habitaciones, niñas

durmiendo con las manos en el corazón,

soñando con bandidos, con incendios,

veo barcos,

veo árboles de médula

erizados como gatos rabiosos,

veo sangre, puñales y medias de mujer,

y pelos de hombre,

veo camas, veo corredores donde grita una virgen,

veo frazadas y órganos y hoteles.

Veo los sueños sigilosos,

admito los postreros días,

y también los orígenes, y también los recuerdos,

como un párpado atrozmente levantado a la fuerza

estoy mirando.

Y entonces hay este sonido:

un ruido rojo de huesos,

un pegarse de carne,

y piernas amarillas como espigas juntándose.

Yo escucho entre el disparo de los besos,

escucho, sacudido entre respiraciones y sollozos.

Estoy mirando, oyendo,

con la mitad del alma en el mar y la mitad del alma

en la tierra,

y con las dos mitades del alma miro al mundo.

y aunque cierre los ojos y me cubra el corazón enteramente,

veo caer un agua sorda,

a goterones sordos.

Es como un huracán de gelatina,

como una catarata de espermas y medusas.

Veo correr un arco iris turbio.

Veo pasar sus aguas a través de los huesos.

La capacidad metafórica de Neruda es sencillamente inconmensurable. Leyendo este poema las imágenes que aparecen en nuestra mente son hasta suculentas y hay quien las censuraría. Su capacidad para recrear atmósferas en la mente del lector es impresionante.

11. Soneto 83

Es bueno, amor, sentirte cerca de mí en la noche,

invisible en tu sueño, seriamente nocturna,

mientras yo desenredo mis preocupaciones

como si fueran redes confundidas.

Ausente, por los sueños tu corazón navega,

pero tu cuerpo así abandonado respira

buscándome sin verme, completando mi sueño

como una planta que se duplica en la sombra.

Erguida, serás otra que vivirá mañana,

pero de las fronteras perdidas en la noche,

de este ser y no ser en que nos encontramos

algo queda acercándonos en la luz de la vida

como si el sello de la sombra señalara

con fuego sus secretas criaturas.

Un poema centrado en la intimidad de una pareja, en la que la noche cobra protagonismo. Compartir el amor y la experiencia vital con esa persona especial que queremos hace que la vida se viva de una manera mucho más lúcida.

12. Sed de ti.

Sed de ti me acosa en las noches hambrientas.

Trémula mano roja que hasta su vida se alza.

Ebria de sed, loca sed, sed de selva en sequía.

Sed de metal ardiendo, sed de raíces ávidas...

Por eso eres la sed y lo que ha de saciarla.

Cómo poder no amarte si he de amarte por eso.

Si ésa es la amarra cómo poder cortarla, cómo.

Cómo si hasta mis huesos tienen sed de tus huesos.

Sed de ti, guirnalda atroz y dulce.

Sed de ti que en las noches me muerde como un perro.

Los ojos tienen sed, para qué están tus ojos.

La boca tiene sed, para qué están tus besos.

El alma está incendiada de estas brasas que te aman.

El cuerpo incendio vivo que ha de quemar tu cuerpo.

De sed. Sed infinita. Sed que busca tu sed.

Y en ella se aniquila como el agua en el fuego.

El deseo y la pasión son protagonistas en este poema de Neruda. Estos se expresan tanto en el terreno físico como en el espiritual, y describe una necesidad que llega a la desesperación y al dolor.

13. Poema 7

Para mi corazón basta tu pecho,

para tu libertad bastan mis alas.

Desde mi boca llegará hasta el cielo

lo que estaba dormido sobre tu alma.

Es en ti la ilusión de cada día.

Llegas como el rocío a las corolas.

Socavas el horizonte con tu ausencia.

Eternamente en fuga como la ola.

He dicho que cantabas en el viento

como los pinos y como los mástiles.

El libro “20 poemas de amor y una canción desesperada” contiene poemas tan sentidos como este. El vivaz texto habla de cómo alguien que se ha marchado deja un profundo recuerdo. Ese alguien piensa en esta persona con alegría y tristeza entremezcladas.

14. El mar

Necesito el mar porque me enseña:

no sé si aprendo música o conciencia:

no sé si es ola sola o ser profundo

o sólo ronca voz o deslumbrante

suposición de peces y navíos.

El hecho es que hasta cuando estoy dormido

de algún modo magnético circulo

en la universidad del oleaje.

No son sólo las conchas trituradas

como si algún planeta tembloroso

participara paulatina muerte,

no, del fragmento reconstruyo el día,

de una racha de sal la estalactita

y de una cucharada el dios inmenso.

Lo que antes me enseñó lo guardo! Es aire,

incesante viento, agua y arena.

Parece poco para el hombre joven

que aquí llegó a vivir con sus incendios,

y sin embargo el pulso que subía

y bajaba a su abismo,

el frío del azul que crepitaba,

el desmoronamiento de la estrella,

el tierno desplegarse de la ola

despilfarrando nieve con la espuma,

el poder quieto, allí, determinado

como un trono de piedra en lo profundo,

sustituyó el recinto en que crecían

tristeza terca, amontonando olvido,

y cambió bruscamente mi existencia:

di mi adhesión al puro movimiento.

El mar de Valparaíso formó siempre parte de la vida de Neruda, y muchos de sus poemas se alimentan de la inspiración que el litoral chileno tuvo sobre él. Este es un poema dedicado a todo aquello que los sentidos pueden captar delante del mar; el sonido de las olas, el olor a mar el color azul nos complacen el alma.

15. Puedo escribir los versos más tristes esta noche…

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,

y tiritan, azules, los astros, a lo lejos».

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.

La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.

Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

La voluntad, el deseo, el soñar y el despertar son el eje central de este poema de amor, que muestra una gran tristeza al ver que no se puede estar con la persona que se está amando. El sueño que se narra es tan presente que ocupa todo el pensamiento de quien ama.

16. Vírese

Hoy que danza en mi cuerpo la pasiòn de Paolo

y ebrio de un sueño alegre mi corazòn se agita:

hoy que sé la alegría de ser libre y ser solo

como el pistilo de una margarita infinita:

oh mujer -carne y sueño-, ven a encantarme un poco,

ven a vaciar tus copas de sol en mi camino:

que en mi barco amarillo tiemblen tus senos locos

y ebrios de juventud, que es el más bello vino.

Es bello porque nosotros lo bebemos

en estos temblorosos vasos de nuestro ser

que nos niegan el goce para que lo gocemos.

Bebamos. Nunca dejemos de beber.

Nunca, mujer, rayo de luz, pulpa blanca de poma,

suavices la pisada que no te hará sufrir.

Sembremos la llanura antes de arar la loma.

Vivir será primero, después será morir.

Y después que en la ruta se apaguen nuestras huellas

y en el azul paremos nuestras blancas escalas

-flechas de oro que atajan en vano las estrellas-,

oh Francesca, hacia dónde te llevarán mis alas!

El mar y una mujer son protagonistas en este poema de Neruda como en otros muchos que ha escrito el autor. El profundo amor que se transmite por esta mujer da una serie de sentimientos muy avivados que llevan al narrador a vivirlos muy intensamente.

17. Si tú me olvidas

Quiero que sepas una cosa.

Tú sabes cómo es esto:

si miro la luna de cristal, la rama roja

del lento otoño en mi ventana,

si toco junto al fuego la impalpable ceniza

o el arrugado cuerpo de la leña,

todo me lleva a ti, como si todo lo que existe,

aromas, luz, metales, fueran pequeños barcos que navegan

hacia las islas tuyas que me aguardan.

Ahora bien, si poco a poco dejas de quererme

dejaré de quererte poco a poco.

Si de pronto me olvidas no me busques,

que ya te habré olvidado.

Si consideras largo y loco

el viento de banderas que pasa por mi vida

y te decides a dejarme a la orilla

del corazón en que tengo raíces,

piensa que en ese día,

a esa hora levantaré los brazos

y saldrán mis raíces a buscar otra tierra.

Pero si cada día,

cada hora sientes que a mí estás destinada

con dulzura implacable.

Si cada día sube

una flor a tus labios a buscarme,

ay amor mío, ay mía,

en mí todo ese fuego se repite,

en mí nada se apaga ni se olvida,

mi amor se nutre de tu amor, amada,

y mientras vivas estará en tus brazos

sin salir de los míos.

La vida de una persona cambia cuando se encuentra a quien le hace latir el corazón de verdad. Toda una serie de emociones se manifiestan y la persona enamorada se siente y se comporta como un loco, como si tuviera una especie de trastorno que le impidiera razonar con claridad.

18. Poema 12

Para mi corazón basta tu pecho,

para tu libertad bastan mis alas.

Desde mi boca llegará hasta el cielo

lo que estaba dormido sobre tu alma.

Es en ti la ilusión de cada día.

Llegas como el rocío a las corolas.

Socavas el horizonte con tu ausencia.

Eternamente en fuga como la ola.

He dicho que cantabas en el viento

como los pinos y como los mástiles.

Como ellos eres alta y taciturna.

Y entristeces de pronto, como un viaje.

Acogedora como un viejo camino.

Te pueblan ecos y voces nostálgicas.

Yo desperté y a veces emigran

y huyen pájaros que dormían en tu alma.

Neruda pasó su vida cerca del mar chileno, por lo que conocía de cerca la vida del navegante. Este poema de amor se ubica en esta relación del hombre con el mar, donde la ausencia del ser humano hace gala. Esta pieza literaria se encuentra dentro de “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”.

19. Mujer, nada me has dado

Nada me has dado y para ti mi vida

deshoja su rosal de desconsuelo,

porque ves estas cosas que yo miro,

las mismas tierras y los mismos cielos,

porque la red de nervios y de venas

que sostiene tu ser y tu belleza

se debe estremecer al beso puro

del sol, del misino sol que a mí me besa.

Mujer, nada me has dado y sin embargo

a través de tu ser siento las cosas:

estoy alegre de mirar la tierra

en que tu corazón tiembla y reposa.

Me limitan en vano mis sentidos

-dulces flores que se abren en el viento-

porque adivino el pájaro que pasa

y que mojó de azul tu sentimiento.

Y sin embargo no me has dado nada,

no se florecen para mí tus años,

la cascada de cobre de tu risa

no apagará la sed de mis rebaños.

Hostia que no probó tu boca fina,

amador del amado que te llame,

saldré al camino con mi amor al brazo

como un vaso de miel para el que ames.

Ya ves, noche estrellada, canto y copa

en que bebes el agua que yo bebo,

vivo en tu vida, vives en mi vida,

nada me has dado y todo te lo debo.

A veces la atracción que alguien puede sentir hacia otra persona no es correspondida, pero esto no impide que se siga pensando en ella. Ese tipo de deseo es el que viene recogido en este sentido poema.

20. Poema 4

Es la mañana llena de tempestad

en el corazón del verano.

Como pañuelos blancos de adiós viajan las nubes,

el viento las sacude con sus viajeras manos.

Innumerable corazón del viento

latiendo sobre nuestro silencio enamorado.

Zumbando entre los árboles, orquestal y divino,

como una lengua llena de guerras y de cantos.

Viento que lleva en rápido robo la hojarasca

y desvía las flechas latientes de los pájaros.

Viento que la derriba en ola sin espuma

y sustancia sin peso, y fuegos inclinados.

Se rompe y se sumerge su volumen de besos

combatido en la puerta del viento del verano.

El viento y la tempestad en alta mar adquieren un gran protagonismo en este poema en forma de metáfora, y es que el deseo hacia una alguien está prendiendo de fuego el alma de quien lo sufre.

21. No estés lejos de mí

No estés lejos de mí un sólo día, porque cómo,

porque, no sé decírtelo, es largo el día,

y te estaré esperando como en las estaciones

cuando en alguna parte se durmieron los trenes.

No te vayas por una hora porque entonces

en esa hora se juntan las gotas del desvelo

y tal vez todo el humo que anda buscando casa

venga a matar aún mi corazón perdido.

Ay que no se quebrante tu silueta en la arena,

ay que no vuelen tus párpados en la ausencia:

no te vayas por un minuto, bienamada,

porque en ese minuto te habrás ido tan lejos

que yo cruzaré toda la tierra preguntando

si volverás o si me dejarás muriendo.

El amor que se siente de forma muy intensa capitaliza el contenido de este poema, en el que el profundo sentimiento de poseer al ser amado impulsan al narrador a tener que expresarse de este modo vigoroso.

22. Era mi corazón un ala viva y turbia…

Era mi corazón un ala viva y turbia...

un ala pavorosa llena de luz y anhelo.

Era la primavera sobre los campos verdes.

Azul era la altura y era esmeralda el suelo.

Ella -la que me amaba- se murió en primavera.

Recuerdo aún sus ojos de paloma en desvelo.

Ella -la que me amaba- cerró sus ojos... tarde.

Tarde de campo, azul. Tarde de alas y vuelos.

Ella -la que me amaba- se murió en primavera...

y se llevó la primavera al cielo.

La persona más especial en la vida de una persona es protagonista en este poema. Se habla del recuerdo al amor de una vida, un amor tan fuerte que invadía todo sentido humano cuando vivía e igualmente persistente una vez la muerte se apoderó de ese amor.

23. Ayer

Todos los poetas excelsos se reían de mi escritura a causa de la puntuación,

mientras yo me golpeaba el pecho confesando puntos y comas,

exclamaciones y dos puntos es decir, incestos y crímenes

que sepultaban mis palabras en una Edad Media especial

de catedrales provincianas.

Todos los que nerudearon comenzaron a valiejarse

y antes del gallo que cantó se fueron con Perse y con Eliot

y murieron en su piscina.

Mientras tanto yo me enredaba con mi calendario ancestral

más anticuado cada día sin descubrir sino una flor

descubierta por todo el mundo, sin inventar sino una estrella

seguramente ya apagada, mientras yo embebido en su brillo,

borracho de sombra y de fòsforo, seguía el cielo estupefacto.

La próxima vez que regrese con mi caballo por el tiempo

voy a disponerme a cazar debidamente agazapado

todo lo que corra o que vuele: a inspeccionarlo previamente

si está Inventado o no inventado, descubierto

o no descubierto: no se escapará de mi red ningún planeta venidero.

El Neruda más autobiográfico emerge en forma de verso a través de una belleza excepcional. Neruda habla del ayer, del hoy y del mañana de una manera al alcance de muy pocos por su arte literario y por su sabiduría.

24. Aquí te amo…

Aquí te amo.

En los oscuros pinos se desenreda el viento.

Fosforece la luna sobre las aguas errantes.

Andan días iguales persiguiéndose.

Se desciñe la niebla en danzantes figuras.

Una gaviota de plata se descuelga del ocaso.

A veces una vela. Altas, altas estrellas.

O la cruz negra de un barco.

Solo.

A veces amanezco, y hasta mi alma está húmeda.

Suena, resuena el mar lejano.

Este es un puerto.

Aquí te amo.

Aquí te amo y en vano te oculta el horizonte.

Te estoy amando aún entre estas frías cosas.

A veces van mis besos en esos barcos graves,

que corren por el mar hacia donde no llegan.

Ya me veo olvidado como estas viejas anclas.

Son más tristes los muelles cuando atraca la tarde.

Se fatiga mi vida inútilmente hambrienta.

Amo lo que no tengo. Estás tú tan distante.

Mi hastío forcejea con los lentos crepúsculos.

Pero la noche llega y comienza a cantarme.

La luna hace girar su rodaje de sueño.

Me miran con tus ojos las estrellas más grandes.

Y como yo te amo, los pinos en el viento,

quieren cantar tu nombre con sus hojas de alambre.

Este poema tiene una alma rota como protagonista, pues se recuerda al amor de una vida. Siendo el amor una experiencia de una belleza enorme, cuando éste nos abandona las emociones se suceden dejándonos sin aliento al recordar la persona nos dejó.

25. Ahora es Cuba

Y luego fue la sangre y la ceniza.

Después quedaron las palmeras solas.

Cuba, mi amor, te amarraron al potro,

te cortaron la cara,

te apartaron las piernas de oro pálido,

te rompieron el sexo de granada,

te atravesaron con cuchillos,

te dividieron, te quemaron.

Por los valles de la dulzura

bajaron los exterminadores,

y en los altos mogotes la cimera

de tus hijos se perdió en la niebla,

pero allí fueron alcanzados

uno a uno hasta morir,

despedazados en el tormento

sin su tierra tibia de flores

que huía bajo sus plantas.

Cuba, mi amor, qué escalofrío

te sacudió de espuma la espuma,

hasta que te hiciste pureza,

soledad, silencio, espesura,

y los huesitos de tus hijos

se disputaron los cangrejos.

La relación de Neruda con Cuba es presente a lo largo de su vida, y si bien alude a la isla en algunas de sus obras, este poema está directamente dedicado a este país. Desde su niñez ya tenía interés en Cuba, y ya como escritor tuvo mucha relación con escritores y la intelectualidad cubana, a pesar de que también hubo desencuentros.

Maria Weevs