La infidelidad en las parejas felices, ¿es posible?

1 year ago

Rosa Bengall

¿Puedes serle infiel a tu pareja estando en una relación feliz y sana? Una psicóloga nos lo aclara.

La infidelidad en algunas parejas no está reñida con la felicidad en la relación.
La infidelidad en algunas parejas no está reñida con la felicidad en la relación. Fuente: Unsplash

Para contestar a esa pregunta, Esther Perel reflexiona sobre la convivencia de una posible aventura que ronda siempre cerca de todo tipo de pareja, incluso las que funcionan bien.

Infidelidad en las parejas felices, ¿es posible?

Vivimos en unos tiempos en los que se podría decir que nos llueven las oportunidades para sucumbir a la infidelidad y a la psicoterapeuta Esther Perel suelen preguntarle cuál es el porcentaje de personas que es infiel a su pareja. Con maestría ella responde con otra pregunta: ¿Qué considerarías tú que es una infidelidad?

Y es que en función de lo que represente ésta para la persona en cuestión (sexting, apps para ligar, ver porno…) podría variar entre el 25 y el 75% de aquellos que tienen pareja estable.

Sin embargo, como la visión subjetiva de unos y otros pueden difuminar los límites, Perel considera necesaria la existencia de tres elementos para considerar que se está cometiendo una infidelidad.

Los tres elementos de la infidelidad

Según la psicoterapeuta, para hablar de infidelidad deberían de darse tres circunstancias a la vez:

  • Una relación secreta
  • Producirse una conexión emocional
  • Que haya química sexual entre los dos

Y respecto al elemento clave, ésta sería la química, en la que sólo imaginar un beso con esa persona se equipararía a la intensidad de practicar sexo durante horas.

Perel conjetura sobre la razón que lleva a unos u otros a ser infiel, encontrando que por lo general los hombres sucumbirían por una mezcla de aburrimiento y miedo a la intimidad mientras las mujeres ansiarían esta última a la par que la soledad también las empuja.

Cambio de paradigma en las relaciones estables

Décadas y siglos atrás, recalca Esther Perel, la infidelidad amenazaba nuestra seguridad económica, puesto que el matrimonio era considerado algo así como una empresa.

Pensemos que la monogamia se implantó (aunque se le impuso sólo a las mujeres) para asegurar a los hombres que los hijos de su esposa eran de él. Sin embargo, estamos viviendo los tiempos de la historia de la humanidad en que más alto es el coste de un affaire.

¿Y a qué se debe? Pues ni más ni menos a que han cambiado los motivos por los que decidimos compartir nuestra vida con alguien: Al concebirse hoy en día el matrimonio como un acuerdo romántico entre dos personas, la infidelidad amenazaría a otro tipo de estabilidad que nos afecta y mucho: la emocional. Y es que al salir a la luz un engaño de estas características, se destrozan vidas y parejas.

Uno de los motivos detrás de la infidelidad es el anhelo del deseo.
Uno de los motivos detrás de la infidelidad es el anhelo del deseo. Fuente: Unsplash

Dos puntos de vista de la infidelidad: el que traiciona y el traicionado

Cuando surge el planteamiento de si es posible la infidelidad en las parejas felices, hablaríamos de una especie de abismo que existe siempre aunque lo ignoremos, pero eternamente conectado a la curiosidad humana.

Puede ser que ignoremos su llamada durante décadas mientras estamos junto a esa persona con la que nos sentimos bien y con quien hemos construido una relación satisfactoria. Pero basta con que un día uno de los dos se asome a ese abismo, empujado por la curiosidad, y que sucumba a él. ¿Cómo afectaría algo así a cada uno de los miembros de la pareja?

Para la persona traicionada, es la sacudida de los cimientos del mundo que ha creado junto a su pareja: él es para ella su amante, su compañero, su mejor amigo, su confidente, y ella se sitúa como la elegida, la irremplazable, the one. Entonces llega la traición, la infidelidad, que de alguna forma le dice “ya no lo eres” (ni la elegida, ni la irremplazable ni the one para él). Su visión de la vida cambia completamente y la confianza en general entra en crisis.

Por su parte el que traiciona, ¿qué buscaba? Un affaire es una traición, pero también una expresión de añoranza. Un anhelo y el deseo vivo de conectar emocionalmente, de sentir intensidad sexual y de recuperar partes perdidas de uno mismo.

Porque, como diría Perel, cuando buscamos la mirada del otro, no siempre nos alejamos de nuestra pareja, sino de la persona en la que nos hemos convertido.

¿La infidelidad es el fin de la pareja?

Habrá parejas para las cuales el descubrimiento del affaire sea el comienzo del fin, pero la mayoría de las parejas superan esa crisis; algunas simplemente sobreviven a la experiencia pero suele suceder cuando se produce la infidelidad en las parejas felices que del caos surja la oportunidad de convertir su vida en pareja en algo maravilloso, mucho mejor que lo que habían tenido antes de destaparse la aventura.

A partir de entonces, en esos casos, tienen lugar las conversaciones profundas y honestas que dejaron de tener, incluso personas sexualmente indiferentes de pronto sienten mayor voracidad. Y el origen del movimiento del motor será el propio miedo a la pérdida, quien activará el propio deseo.

Propuesta para sanar el daño de la infidelidad

Como hemos visto, la infidelidad en las parejas felices no tiene por qué ser el final, pero requiere una atención especial ese delicado momento en el que cada uno de los componentes de la pareja tendrá que asumir unas responsabilidades, según Esther Perel.

Por un lado, el que llamaríamos traidor primero debería reconocer un verdadero remordimiento por herir a su pareja, haciéndose después responsable de velar por los límites que protejan a su pareja de la obsesión.

Por su parte, el traicionado tiene la misión esencial de recuperar su autoestima dañada, con lo cual procurar rodearse del amor de los suyos y disfrutar de hacer cosas gratificantes que le hagan reencontrarse con su identidad serán de vital importancia para conseguirlo.

Sí que tendrá que procurar evitar indagar en los detalles morbosos que sólo le producirán noches de insomnio y sufrimiento extra totalmente innecesarios. Pero en su derecho a poder indagar en el origen de la situación que está condicionando su estabilidad emocional podría indagar en el sentido que ha tenido ese affaire en su pareja, en cómo se sintió… que pueden ser la clave para reflexionar sobre el bienestar de los miembros de la pareja.

La mayoría de las parejas superan una crisis de infidelidad.
La mayoría de las parejas superan una crisis de infidelidad. Fuente: Unsplash

La clave para no sucumbir a la infidelidad en las parejas felices

Ante la pregunta que le hacen a menudo a Esther Perel de si está favor de las infidelidades en la pareja y si las recomendaría, la psicoterapeuta responde con rotundidad: no y no, respectivamente. Pero recuerda que si ésta se produce, no tiene por qué significar el fin.

Nos recuerda que las razones para cometer una infidelidad no tiene tanto que ver con el sexo como con el deseo: quizás se busca recibir atención, ser especial para alguien, sentirse importante de nuevo… Y el hecho de no tener al amante con la disponibilidad que se desearía avivaría más aún el deseo: porque se desea lo que no se tiene.

Y nos da esta premisa para aportarnos la clave para no sucumbir a un affaire. Así, Perel nos dice que si las personas pusieran una décima parte de la pasión, la imaginación, la audacia y el brío que dedican a sus aventuras extramaritales pero en sus relaciones de pareja, no tendrían necesidad de transgredir con una infidelidad.

Pensándolo bien, más que tratarse de un planteamiento en caso de peligro inminente, podría ser una nueva forma de entender el cuidado de las relaciones que nos importan. Porque, ¿por qué esperar a que las cosas puedan ir mal para aportar aquello que podría hacernos más felices?

Rosa Bengall