Desequilibrio emocional: ¿qué es y cómo podemos manejarlo?

Los altibajos emocionales pueden presentarse en cualquier ocasión, causando molestias. Pero es posible manejarlos con sencillas técnicas.
Desequilibrio emocional

¿Alguna vez te has sentido alegre y optimista pero un día tu ánimo cae significativamente?

O ¿no puedes controlar tus reacciones emocionales en ciertos momentos? Casi como si tuvieras dos personalidades, cada una con sentimientos y reacciones que desentonan entre sí. Esto puede traer problemas y malentendidos en tus relaciones interpersonales, laborales e incluso familiares.

Hay que recordar que las emociones nos ayudan a generar interacciones con las personas, comunicarnos y expresarnos según la situación lo amerite. Por lo tanto, si nos encontramos en una situación que disfrutemos, nos llena de alegría. Mientras que si algo nos parece incorrecto podemos demostrar furia o disconformidad. Pero ¿Te imaginas que no puedas expresar las emociones correctas para cada momento o el cambio entre una y otra?

A esto lo conocemos en psicología como desequilibrio emocional y puede pasarle a cualquier persona. Por ello, en este artículo te diremos todo sobre de qué se trata este desequilibrio, cómo reconocerlo y qué puedes hacer para controlarlo de forma efectiva.

¿Qué es un desequilibrio emocional?

También conocido como inestabilidad o altibajos emocionales, es una alteración en el cambio del estado afectivo de las personas o una variación emocional, mostrándose en especial sobre el humor, el cual puede pasar de un estado a su polo opuesto de manera inmediata. Es decir, estar feliz y en poco tiempo, sentir una melancolía extrema, sin un motivo aparente que lo desencadene.

¿Por qué ocurre esto? Debido a que el dinamismo de las emociones se torna demasiado intenso para el propio organismo y ya no puede mantenerlo en equilibrio o manejarlo de manera funcional. Produciendo un malestar anímico ante cualquier cambio mínimo, a una alteración de la calidad de las relaciones en las distintas esferas de las vidas de la persona e incluso llegando a desencadenar futuros problemas psicológicos graves como depresión o ansiedad.

¿Cómo reconocer si padezco de altibajos emocionales?

Las personas que sufren de alteraciones emocionales pueden observarse con claridad en sus cambios bruscos y repentinos de humor, pero también por otras características que te diremos a continuación.

1. Tendencia a la idealización

Esto es una característica que se muestra en las personas con ciertos grados de dependencia emocional hacia otros, es decir, que siempre deben estar con una pareja pues no toleran la soledad pues se sienten vacíos. Lo cual lleva a una idealización tanto de la otra persona que está a su lado, como de la vida propia que tendrá con este o la vida juntos.

El problema es que estas idealizaciones son en extremo románticas y perfectas, por lo que al ocurrir algo que no concuerden con su imaginación, es causa de conflictos y decepciones.

2. Extremistas dicotómicos

Es sí o no, blanco o negro, no existen puntos intermedios entre estas personas, lo cual les lleva a tener serios problemas de comunicación y relación con los otros, tienen baja tolerancia a la frustración, no saben resolver conflictos y no tienden a pensar en las consecuencias que sus actos pueden traer. Muestran comportamientos y actitudes sumamente intensas entre la manía, la agresividad y la tristeza.

3. Labilidad afectiva

Esto es en esencia, el cambio drástico de un estado de humor a otro de manera repentina. Los cuales pueden ser producidos por una alteración psicológica del estado del ánimo o en la producción de hormonas y neurotransmisores encargados del equilibrio emocional. En casos más graves, esto puede ser un síntoma de algún tipo de trastorno psiquiátrico o un episodio psicótico.

4. Otros trastornos de la personalidad

En algunos casos, el desequilibrio emocional es parte de la sintomatología de alguno de los trastornos de personalidades, como es el caso del trastorno de la personalidad límite o borderline, trastorno bipolar, de control de impulsos, depresiones o cuadros de ansiedad.

Formas en que nos afectan estos cambios bruscos

Muchos tienden a normalizar estos cambios de humor serios, afirmando que son ‘parte de la naturaleza humana’. Sin embargo, la desadaptación y la posibilidad de desencadenarse otros trastornos, lo convierten en una llamada de alerta que atender antes de que sea tarde.

1. Autoestima e independencia

Como las personas con alteraciones afectivas tienen tendencias hacia la dependencia emocional, presentan problemas para convivir con ellos mismos. Lo que ocasiona que no desarrollen independencia para enfrentarse al mundo por sí mismos, se aferran a las cosas seguras o conocidas y se manejan a través de la manipulación.

Pero ademá suelen tener una autoestima muy baja, por la misma razón del vacío emocional que sienten internamente. Lo cual, los lleva a experimentar conductas riesgosas o a tener actitudes repetitivas que los haga sentir mejores.

2. Problemas de crecimiento personal

Debido al punto anterior, las personas no confían en sus capacidades y habilidades propias o en la posibilidad de desarrollarlas para utilizarlas a su favor para crecer en ámbitos de su vida, como en el profesional o laboral. También pueden ser por temor al cambio y por sus problemas de comunicación e incapacidad de resolución de problemas.

Lo mismo sucede cuando se tiene el deseo de emprender cosas nuevas, en los estados de emoción y alegría, la motivación fluye y todo puede ir prosperando. Pero al instante en caer en las emociones de tristeza e inseguridad, se desechan las ideas o se genera el miedo a fracasar. Quedando solamente proyectos inconclusos sin finalizar.

3. Imposibilidad de disfrute

Durante los estados de euforia, aquellos que presentan inestabilidad emocional se encuentran en un estado de optimismo y celebración contagiosa. Mientras que en los estados melancólicos las personas pueden aislarse por completo del mundo, presentan una apatía e irritabilidad que les impide disfrutar de absolutamente nada. Lo cual afecta no solo a ellos, sino a las personas que se encuentran a su alrededor, ya que también pueden verse involucrados.

4. Interacciones globales

Tanto es su esfera personal, como en las comunicaciones obligatorias laborales, académicas y sociales de cortesía. Las personas con inestabilidad emocional pueden entrometerse en conflictos entre compañeros o personas de autoridad, costandole su futuro en estos ámbitos. Pues pueden caer en despidos, expulsiones o distanciamientos familiares.

5. Incapacidad para separar las áreas de desarrollo

Con esto hacemos referencia a que, si la persona tiene algún problema personal que le genera malestar anímico, puede hacer decaer su motivación laboral o rendimiento académico y lo mismo puede ocurrir a la inversa. Esto se debe a que, las personas no pueden separar los problemas que tienen en una esfera de otra en la cual no lo tienen, sino que mezclan todas como una sola.

Claves para manejarlos

Es importante saber leer las señales, pues esto no se da de un momento a otro y existen circunstancias que desencadenan con mayor intensidad estos malestares. Una vez hecho, es hora de actuar.

1. Reconocer que tienes un problema

El primer paso que debes dar es reconocer que tienes un problema que está afectando tu vida y que si no haces algo al respecto para remediarlo puede complicarse de manera grave y sin retorno efectivo. Tanto por parte de tu salud afectiva y mental, como en la calidad de las relaciones interpersonales en tu rutina cotidiana.

2. Asistir a psicoterapia

El tratamiento más efectivo para lograr controlar la inestabilidad emocional es asistir a terapia psicológica donde puedes descubrir el origen de estos cambios y si existen situaciones que lo provoquen. De manera que puedas tener herramientas y técnicas para evitarlas, solucionar conflictos, aumentar tu autoestima y lograr un equilibrio en tus reacciones emocionales.

Puedes además, intentar terapia de grupo, donde compartas tus emociones y situación con otras personas que atraviesan lo mismo y practicar con ellos para mejorar tus canales de comunicación e interacción social.

3. Buscar momentos para relajarse

Muchas de las alteraciones emocionales surgen ante la presión y el estrés de no poder enfrentar o resolver algo, lo cual causa ansiedad y desconfianza en nosotros mismos. Por lo que es ideal, buscar actividades relajantes que ayudan a disminuir la tensión mental y física.

Tales como prácticas de lectura, yoga, meditación, paseos cortos, deportes dinámicos o actividades de esparcimiento. La finalidad de las mismas, es que ayuden a despejar tu mente y disminuir las emociones negativas.

4. Aprende cosas nuevas

Aprender una nueva habilidad a través de actividades extracurriculares o cursos, pueden ayudarte a ganar confianza en ti mismo. Descubrir que se es capaz de adquirir capacidades nuevas amplían la creatividad, la observación, la agilidad mental y la autoestima, lo cual es beneficioso para la regulación del estado del ánimo.

5. No te aisles

En los episodios más negativos y melancólicos es normal que quieras estar solo, pero esto puede ser contraproducente pues, es justo en la soledad donde más aparecen sin control los pensamientos negativos y autodestructivos, así como los sentimientos de desesperanza. En su lugar, busca a un amigo o un familiar, pídele salir para distraerte y desahógate con él sobre lo que te preocupa.

6. Identificar las situaciones

Como pudiste leer con anterioridad, estos cambios emocionales no se dan de forma sorpresiva o repentina, sino que se van mostrando poco a poco hasta que lo transformas en parte de ti de manera inconsciente. Una vez que acudas a terapia y te enseñen cómo identificar las situaciones desencadenantes, toma un momento para analizarla y alejarte o buscar la mejor manera de responder cuando te enfrentes a esta en un futuro.

Lo importante es que tengas la capacidad de predecir, actuar y resolver tus momentos de predisposición sin que ocurran consecuencias negativas.

7. Ten un estilo de vida saludable

La forma de alimentarse y el ritmo de vida cotidiana incide de manera directa sobre nuestro estado de ánimo. Por ejemplo, si comemos alimentos grasos y pesados para el organismo tendemos a sentir más cansancio, un ánimo bajo y mayor sensibilidad al estrés, ya que no existe nutrientes saludables que se pueden transformar en energía.

Mientras que, si optamos por el sedentarismo, el cuerpo se siente con más rigidez, dolor y tensión ante las actividades cotidianas. Por ello es importante hacer una evaluación de la alimentación y la actividad física, para cambiarla por una que ayude a nuestro organismo.

8. No fuerces otras emociones

La idea no es cambiar una emoción por otra para que se elimine por completo y vuelvas a sentirla jamás. Sino expresarla de manera adecuada, en los momentos correctos, pero por sobre todo a no dejarse controlar por estos. Así que, si sientes tristeza puedes sentirla, si estás alegre muéstrala, si estás enojado busca la forma de liberarla que no afecte a otros o a tí.

9. Entrena tu asertividad

Puedes buscar cursos donde te enseñen a comunicarte de manera asertiva y así mejorar tus canales de expresión con las personas. Lo cual te beneficiará en cualquier área de tu vida, evitará que se generen conflictos o malentendidos, podrás resolver problemas de forma respetuosa y brindar tu opinión sin descontrolarte.

10. Infórmate sobre su causa

Es posible que este descontrol emocional sea producto de una enfermedad psicológica más alarmante, por ello es necesario que asistas a consulta psicológica y pidas que evalúe esa posibilidad. En especial, si los síntomas presentados son demasiado extremos o traen consecuencias graves para tu vida. Si es detectado a tiempo, podrás disfrutar tu vida sin mayor complicación.

Cuidar del estado anímico es un paso importante para la propia salud integral y nuestra calidad de vida.

Elvira Cuesta

Elvira Cuesta

Psicóloga clínica

Elvira Cuesta (Madrid, 1994) es Graduada en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid y es Máster en Psicología General Sanitaria por la Universidad de Barcelona. Está especializada en periodismo científico, y es colaboradora habitual en revistas como La Guía Femenina y MedSalud.