Tripofobia (miedo a los agujeros): causas, síntomas y tratamiento

Esta sensación desagradable afecta a mucha personas.
Tripofobia

La tripofobia, aunque técnicamente se traduzca como “fobia a las perforaciones”, en realidad más que una fobia (miedo) es un rechazo o una sensación de asco y repulsión hacia las figuras geométricas compactas y agrupadas.

En este artículo conoceremos qué es exactamente la tripofobia, si llega a constituirse o no como una fobia específica (trastorno de ansiedad) y cuáles son sus causas. También hablaremos de un experimento que se realizó en relación a este tema, y de las ventajas de algunas fobias como esta a nivel evolutivo.

Tripofobia: ¿qué es?

El término tripofobia proviene del griego “trypo”, que significa puntada o perforación. La tripofobia es la sensación de repulsión y rechazo hacia patrones de formas geométricas compactas.

Esta sensación de repulsión característica aparece especialmente con hoyos y agujeros juntos, así como con orificios muy pequeños y rectángulos también muy pequeños.

De hecho, esto que comentábamos al inicio (el asco en lugar del miedo en la tripofobia) ha sido demostrado en una investigación dirigida por la investigadora Stella Lourenco, realizada en la Universidad de Emory (Atlanta, EEUU). En esta investigación, se comprobó cómo este “temor” o “rechazo” a patrones de grupos pequeños de agujeros, estaba impulsado por el disgusto, más que por el miedo.

De esta manera, la tripofobia se desencadena cuando observamos o tocamos este patrón de agujeros minúsculos agrupados. Pero, ¿dónde podemos encontrarnos con estos pequeños agujeros?

Pequeños agujeros en...

Esta agrupación de figuras geométricas compactas y pequeñas, es decir, el “objeto fóbico” de la tripofobia, puede aparecer en diferentes elementos, ya sea del entorno, de la naturaleza, de otras personas…

Algunos ejemplos de estos estímulos se encuentran en: la naturaleza (por ejemplo en las flores de loto, en los paneles de abejas, las burbujas, algunos animales, piedras, etc.), las personas (heridas, bultos como consecuencia de enfermedades infecciosas de la piel como la lepra, la viruela o el sarampión), la ficción (películas, efectos especiales), el arte (dibujos, fotografías, etc.), la comida (por ejemplo el queso, una cabeza de ajo, etc.) e incluso los objetos (por ejemplo el desagüe de la ducha).

Síntomas

Así, el síntoma principal de la tripofobia es esta sensación de rechazo y repulsión hacia los agujeros pequeños que permanecen muy juntos. Otros síntomas de la tripofobia son: miedo, ansiedad, asco, disgusto, etc., siempre asociados al mismo estímulo (agrupación de figuras geométricas pequeñas y compactas, generalmente agujeros).

Sabemos que las fobias específicas, clasificadas como tal en el DSM-5 (Manual Diagnóstico de los Trastornos Mentales) implican un malestar en quien las sufre, además de cierto deterioro o interferencia en su día a día (son criterios diagnósticos). Sin embargo, en el lenguaje común y en el caso de la tripofobia, esta se considera una alteración bastante frecuente, que no llega a considerarse un trastorno mental, sino más bien una afección muy común en la población.

Es decir, muchas personas padecen tripofobia y esto no llega a causarles un gran deterioro en su vida; sencillamente, cuando ven muchos agujeros juntos, sienten asco o rechazo.

En los casos extremos de tripofobia, pero, sí podríamos hablar de un miedo intenso e irracional hacia este estímulo; por otro lado, el grado de interferencia en la vida variará, en función de la exposición a este tipo de estímulos (la mayoría de personas no está especialmente expuesta a estos estímulos en su día a día).

Causas

Las causas de la tripofobia se relacionan con un mecanismo ancestral y evolutivo hacia estímulos que pueden resultar tóxicos o perjudiciales para el individuo; estos estímulos suelen causar asco (por ejemplo el olor desagradable, la comida podrida, los restos de basura, etc.).

Es decir, la tripofobia se relaciona con un mecanismo de protección ante estímulos que causan asco; no se sabe muy bien por qué, el hecho de ver muchos agujeros pequeños y juntos (u otras formas geométricas) despierta este tipo de sensaciones.

A nivel evolutivo y de supervivencia, es lógico que nuestros antepasados sintieran rechazo hacia estímulos que les causaban asco; se trata, pues, de un mecanismo de supervivencia, para evitar infectarse o morir.

Se podría decir, pues, que en cierto modo hemos “heredado” esta fobia, como muchas otras fobias relacionadas con estímulos desagradables a los sentidos, que despiertan también sensación de asco.

La ventaja evolutiva de las fobias

Así pues, la principal hipótesis en relación a la causa de la tripofobia se relaciona con una ventaja evolutiva por el hecho de evitar o rechazar estímulos que nos causan asco. La función evolutiva de la sensación de disgusto o desagrado hacia un estímulo nos previene a la hora de comer alimentos podridos o caducados, por ejemplo.

Existen muchas otras fobias heredadas evolutivamente; la gran mayoría de ellas, pero, atienden al papel del miedo para evitar a los depredadores, por ejemplo. Así, las fobias pueden producir principalmente dos tipos de respuestas evolutivamente ventajosas: el miedo y el asco (en el caso de la tripofobia).

Investigación del miedo y del asco

Se han estudiado cada vez más estas dos respuestas (el miedo y el asco) y se ha comprobado como, a nivel fisiológico, activan dos sistemas diferentes (el miedo activa el sistema nervioso simpático y el asco [disgusto] activa el sistema nervioso parasimpático).

De hecho, esto último se comprobó mediante un experimento realizado por Ayzenberg, Hickey y Lourenco en el año 2018. Los resultados de esta investigación mostraron cómo las imágenes de animales peligrosos (que causan miedo) producen un aumento de la pupila, mientras que las imágenes de pequeños agujeros juntos, producen un decrecimiento de la misma. Es decir, se activan sistemas psicofisiológicos distintos.

Cabe mencionar que los voluntarios del estudio no habían informado de padecer tripofobia. Los investigadores concluyeron que esto sugería que la tripofobia se basa en un mecanismo visual muy primitivo que se encuentra tras la aversión a los agujeros pequeños y compactos.

Tratamiento de la tripofobia

Recordemos que hemos hablado de la tripofobia no tanto como un trastorno mental (en el caso de las fobias específicas, un trastorno de ansiedad), sino más bien de una respuesta muy común entre las personas, y de un mecanismo ancestral muy primitivo ante los estímulos que causan asco.

Así que, más que hablar de un tratamiento para la tripofobia, podemos hablar de pequeñas soluciones para combatirla.

Una propuesta que hacemos es la técnica de la habituación; esta técnica consiste en habituarnos al estímulo temido (o, en este caso, repulsivo). Es tan sencillo como acostumbrarnos a mirar durante muchos minutos, objetos, animales o cosas con pequeños puntos aglutinados.

Al cabo de un rato, nos acostumbraremos y no nos causarán la misma sensación de asco inicial. Sin embargo, si pasan muchas horas entre estímulo y estímulo, es probable que el efecto de la habituación desaparezca, y que volvamos a la tripofobia inicial.

Lo mejor, pues, es aceptar que estos pequeños estímulos (agujeros y formas) siempre nos causarán “repelús”, y que eso no tiene por qué repercutir negativamente en nuestro día a día.

Referencias bibliográficas

  • American Psychiatric Association –APA- (2014). DSM-5. Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Madrid: Panamericana.

  • Ayzenberg V, Hickey MR, Lourenco SF. (2018) Pupillometry reveals the physiological underpinnings of the aversion to holes. PeerJ 6:e4185 https://doi.org/10.7717/peerj.4185.

  • Murillo, M. (2013). El cuerpo en la fobia a los agujeros. V Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional en Psicología XX Jornadas de Investigación Noveno Encuentro de Investigadores en Psicología del MERCOSUR. Facultad de Psicología - Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires,

Laura Ruiz Mitjana (Barcelona, 1993) es graduada en Psicología por la Universitat de Barcelona, con Máster en Psicopatología Clínica Infantojuvenil por la Universitat Autònoma de Barcelona. Se especializó en Trastornos del Neurodesarrollo. Actualmente trabaja como Psicóloga infantil en la Associació Catalana del Síndrome X Frágil y es redactora de contenidos de psicología y neurociencias en portales como MedSalud y Psicología y Mente.