¿Qué es el cortisol y por qué está relacionado con el estrés?

Los elevados niveles de cortisol provocan muchos problemas para tu salud y tu aspecto.
¿Qué es el cortisol y cómo se relaciona con el estrés?

La hormona más importante relacionada con la respuesta de estrés es el cortisol.

Pero, ¿qué es el cortisol y por qué está relacionado con el estrés? En este artículo responderemos a estas cuestiones, haciendo un repaso de la ruta cerebral que se activa cuando nos estresamos, y conociendo los problemas de salud que derivan del estrés crónico.

Además, expondremos las funciones del cortisol y propondremos algunas técnicas y estrategias para responder de forma saludable al estrés, evitando la liberación excesiva de cortisol a largo plazo.

El cortisol... y por qué está vinculado al estrés

Seguramente todos en algún momento de nuestra vida hemos padecido estrés. El estrés es una respuesta natural del organismo cuando nos exponemos a situaciones amenazantes o que nos sobrepasan. En ese momento, muchas hormonas se ponen a funcionar, aumentando sus niveles en sangre e inhibiendo ciertas funciones del organismo. Una de estas hormonas es el cortisol.

El cortisol, también llamado hidrocortisona, se trata de una hormona esteroidea o glucocorticoide. Se produce en una glándula, la glándula suprarrenal. El cortisol se libera cuando estamos en una situación o período de estrés. La función principal de esta hormona es preparar al organismo para “pelear o huir” ante una situación amenazante.

A corto plazo, el cortisol es funcional, ya que ayuda al organismo a prepararse para actuar; sin embargo, a largo plazo, como ante el estrés crónico, el cortisol tiene efectos perjudiciales para la salud, que veremos más adelante.

¿Qué es el estrés?

El cortisol es la principal hormona del estrés. El estrés es un estado psicofisiológico, una respuesta del organismo que se prepara para actuar ante situaciones amenazadoras, o ante situaciones para las cuales no dispone de recursos suficientes para responder de manera adecuada.

Es decir, aparece cuando nos sentimos desbordados. Cuando esto ocurre, el hipotálamo, una estructura cerebral situada en la base del cerebro, activa un sistema de alarma. Este sistema empieza a operar, y envía y recibe una serie de señales nerviosas y hormonales.

Todo ello hace que las glándulas suprarrenales se activen, liberando una gran cantidad de hormonas; entre las hormonas que segregan se encuentra la adrenalina (que aumenta la presión arterial, la frecuencia cardíaca…) y el cortisol.

Funciones del cortisol

¿Cómo actúa el cortisol? Entre las funciones del cortisol están: aumentar los niveles de glucosa (azúcar) en el torrente sanguíneo, mejorar el uso de la glucosa en el cerebro y aumentar la disponibilidad de aquellas sustancias que permiten reparar los tejidos dañados.

Por otro lado, otra de las funciones del cortisol es inhibir funciones que pueden resultar perjudiciales en una situación estresante, donde el individuo debe actuar (por ejemplo en una situación de lucha o huida). Es decir, reduce las funciones que no resultan esenciales, o de las que se puede prescindir en esos momentos.

¿Cómo se traduce todo esto? Por ejemplo, el cortisol inhibe el sistema digestivo, el sistema reproductor y los procesos relacionados con el crecimiento. Además, todas estas funciones de alarma natural del organismo ante situaciones estresantes, se relacionan y conectan con otras regiones del cerebro, encargadas de regular tres grandes elementos: la motivación, el miedo y el estado de ánimo.

Cronificación del estrés

Pero, ¿qué ocurre cuando, más allá de ejercer sus funciones, la actuación del cortisol se descontrola? Como hemos visto, sabemos que ante una situación estresante o amenazante, muchas hormonas empiezan a actuar, activando ese sistema natural de alarma del organismo.

Entre ellas el cortisol, permitiendo regular y producir dicha respuesta del organismo para ayudarle a prepararse ante la situación y actuar. Así, cuando la amenaza desaparece, o cuando la situación estresante “finaliza”, el cortisol y el resto de hormonas dejan de actuar.

Es decir, las hormonas vuelven a estar en niveles dentro de la normalidad. Esto se traduce en volver a tener una frecuencia cardíaca normal, una presión arterial normal, reanudación de las actividades habituales, etc.

Sin embargo, cuando esa fuente de estrés perdura en el tiempo, es decir, se cronifica y no desaparece, el sistema de alarma y de activación del organismo puede seguir actuando, aunque de forma un poco diferente. Es como si el organismo estuviera en estado de lucha permanente. Pero, ¿qué ocurre entonces? El organismo y sus funciones pueden resultar dañadas.

De esta manera, si se activa dicha respuesta de alarma ante el estrés a largo plazo, la producción de cortisol sigue en auge (así como de otras hormonas relacionadas con el estrés). Esto conlleva que las actividades y las funciones regulares del organismo resulten interrumpidas, lo que se traduce en numerosos problemas de salud.

Efectos del cortisol

Problemas de salud

Los problemas de salud que pueden aparecer cuando el organismo permanece sobreactivado a largo plazo, son: alteraciones digestivas, dolores de cabeza, debilitamiento del sistema inmunológico, cardiopatías, problemas de sueño, aumento de peso, envejecimiento prematuro, etc.

En cuanto al terreno emocional y cognitivo, pueden aparecer problemas de ansiedad y depresión, declive mental, así como alteraciones y deterioro en los procesos de memoria y concentración.

Por otro lado, niveles altos de cortisol también pueden predisponer a padecer ciertos tipos de enfermedades, como por ejemplo la diabetes; además, pueden dañarse las neuronas del cerebro y aumentar la presión arterial, lo que predispone a padecer un problema cardio-cerebro-vascular.

Además, la belleza también puede resultar perjudicada ante niveles altos y crónicos de cortisol; así, puede aparecer descamación de la piel, sequedad de la misma, falta de luminosidad y de brillo, enrojecimiento y problemas dermatológicos (acné, psoriasis, herpes…).

¿Cómo reaccionar de forma saludable ante el estrés?

Es evidente que en la vida aparecerán muchos momentos o períodos donde el estrés sea su protagonista. Sin embargo, de nosotros también depende que esa situación nos acabe dañando, ya que somos nosotros quienes podemos regular cómo actuar y cómo responder.

Lo primero que debemos tener claro es que es importante detectar qué nos estresa y por qué; es decir, identificar los antecedentes o causantes de tal estrés. También debemos intentar reconocer cuál es nuestra respuesta ante ello; nuestro pensamientos, conductas, alteraciones…

Todo esto ayudará a prevenir ciertos estados psicofisiológicos estresantes, donde el cortisol aumenta sus niveles.

Estrategias para gestionar de forma saludable el estrés

Algunas estrategias o técnicas para gestionar el estrés incluyen:

  • Practicar técnicas de respiración y relajación
  • Practicar algun deporte, así como yoga o meditación
  • Buscar ayuda profesional cuando la situación lo requiera
  • Seguir una dieta alimenticia saludable
  • Dormir las horas suficientes para obtener un sueño reparador
  • Fomentar relaciones sociales sanas

Referencias bibliográficas

  • Leira, M.S. (2011). Manual de bases biológicas del comportamiento humano. Capítulo 12. Psicobiología del estrés. Universidad de la República: Montevideo.

  • Morrison, M. y Bennedett, P. (2008). Psicología de la salud. Madrid: Pearson Educación.

  • Taylor, S.E. (2003). Psicología de la salud. Méjico D.F.: McGrau-Hill.

María González Sanz

María González Sanz

Médico de cabecera

María nació en Terrassa en 1992. Es Graduada en Medicina por la Universitat de Barcelona, y actualmente está realizando el periodo de residencia como especialista en Medicina Familiar. Escribe en La Guía Femenina semanalmente enriqueciendo nuestro contenido con temas médicos de gran interés.