Diferencias entre síndrome, trastorno y enfermedad

Tres conceptos que se suelen usar de forma indistinta, pero que no significan exactamente lo mismo.
Diferencias entre síndrome, trastorno y enfermedad

¿Conoces las diferencias entre síndrome, trastorno y enfermedad? Aunque puedan parecer conceptos similares, presentan pequeñas diferencias. Todos ellos, pero, comparten una característica común: la presencia de síntomas.

Es conveniente saber diferenciar estos tres conceptos, sobre todo si trabajamos en el ámbito de la salud o de la salud mental. En este artículo vamos a conocer estas diferencias, y para ellos vamos a definir cada uno de estos términos. Además, pondremos ejemplos de cada uno.

Síntomas y signos: ¿qué son y en qué se diferencian?

Antes de conocer las diferencias entre síndrome, trastorno y enfermedad y de profundizar en cada uno de estos conceptos, debemos entender qué es un síntoma y qué es un signo, elementos presentes en cada uno de ellos.

Un síntoma es una alteración del organismo, que se manifiesta de diferentes maneras; se trata de algo subjetivo, que depende de la explicación y vivencia del paciente (por ejemplo las alucinaciones propias de la esquizofrenia, el cansancio, la anhedonia, el malestar, la migraña, etc.).

En cambio, un signo es algo objetivo (es algo que se puede comprobar empíricamente), como por ejemplo una convulsión, la reducción de horas de sueño, un hematoma, una rojez, etc. Es decir, un signo es también una alteración del organismo, pero en este caso se puede comprobar (el paciente no puede alterar o condicionar su aparición; el síntoma, en cambio, sí).

Tanto los síntomas como los signos indican la presencia, en el paciente, de una enfermedad, patología, síndrome o trastorno. Conocer bien estos signos y síntomas nos ayudará a determinar el tipo de afección que tiene el paciente, así como sus causas.

Diferencias entre síndrome, trastorno y enfermedad: ¿en qué consiste cada uno?

Ahora sí, para conocer las diferencias entre síndrome, trastorno y enfermedad vamos a ver en qué consiste cada uno de ellos.

1. Síndrome

Lógicamente, podremos ver con más claridad cuáles son las diferencias entre síndrome, trastorno y enfermedad después de conocer con exactitud qué es cada uno de estos conceptos.

Un síndrome es un conjunto de síntomas que aparecen de forma conjunta (aunque esto puede variar con el tiempo, así como el tipo de síntomas). Así, los síntomas pueden desaparecer con el tiempo (aunque esto raramente ocurre en los síndromes relacionados con alteraciones de desarrollo). El resultado de padecer un síndrome es un estado clínico que puede caracterizarse por uno o varios problemas de salud.

Los síndromes pueden aparecer como consecuencia de una causa conocida (por ejemplo una alteración genética) o desconocida. Los diferentes síntomas que caracterizan un síndrome ayudan a los profesionales médicos a reconocer de qué síndrome se trata; además, a veces un síndrome determina un trastorno específico.

Por otro lado, algunos síndromes pueden ser la manifestación de alguna enfermedad concreta (¡pero no todos los síndromes son enfermedades!). Además, más concretamente, el cuadro patológico que origina el síndrome puede estar provocado por una enfermedad o por más de una a la vez (es decir, concurrir más de una).

Ejemplos de síndromes son: el Síndrome X Frágil, el Síndrome de Down, el Síndrome de Angelman, el Síndrome de Klinefelter, el Síndrome del Intestino Irritado, etc. Vamos a seguir viendo las diferencias entre síndrome, trastorno y enfermedad, con la definición de trastorno y de enfermedad.

2. Trastorno

La definición de trastorno va un poco más allá de los síntomas; así, un trastorno engloba una serie de síntomas específicos asociados a una patología concreta, pero también engloba comportamientos y acciones de paciente.

Los trastornos no siempre están vinculados a enfermedades, aunque en ocasiones sí; así, se asocian al ámbito de la salud (especialmente de la salud mental, como veremos más adelante). Esto es así porque se trata de una área donde su incidencia y afectación son muy altas.

Por otro lado, los trastornos aparecen como consecuencia de padecer ciertas patologías cognitivas (por ejemplo un trastorno cognitivo), patologías mentales (por ejemplo trastorno de la esquizofrenia) o patologías del desarrollo (por ejemplo trastorno del espectro autista).

En el campo de la salud mental, los trastornos mentales, como su propio nombre indica, se consideran trastornos como tales en el DSM (Manual Diagnóstico de los Trastornos Mentales). Los trastornos indican una alteración en el funcionamiento de la persona; de esta manera, la persona puede mostrar dificultades para adaptarse a la vida o para llevar a cabo una vida considerada “normal” (como por ejemplo ocurre con los trastornos de personalidad).

Así, en comparación con su grupo de referencia, una persona con un trastorno presentaría ciertas dificultades a la hora de relacionarse, sobrevivir o adaptarse al medio.

2.1. Trastornos mentales

Como hemos visto, los trastornos mentales tienen que ver con la manera en la que la persona se relaciona con su entorno. Raramente un trastorno mental tiene una causa genética u orgánica única; así, en realidad los trastornos mentales se originan por la interacción de diferentes factores: genéticos, ambientales, personales, sociales...

Por otro lado, a veces suceden circunstancias ambientales en la vida de la persona (causas externas) que, en combinación con una predisposición genética o una vulnerabilidad individual, acaban por desarrollar el trastorno mental (por ejemplo un trastorno delirante).

De esta manera, muchas veces los trastornos mentales tienen más que ver con una percepción alterada de las cosas, que con una alteración física real del cerebro (aunque este segundo aspecto se estudia en muchos casos).

3. Enfermedad

La enfermedad se trata de una alteración del funcionamiento normal de un organismo (que puede ser leve, moderada o grave), o de algunas partes del mismo. Una enfermedad aparece como consecuencia de una causa concreta, ya sea externa o interna. Así, estar enfermo implica la ausencia de salud.

Para que podamos hablar de enfermedad, deben aparecer como mínimo dos de las siguientes condiciones: signos (objetivos) o síntomas (subjetivos) identificables, alteraciones anatómicas consistentes y/o una causa etiológica concreta (reconocible) que el profesional pueda determinar.

Además, la alteración del paciente debe reflejar las características de la definición de enfermedad y salud de la OMS (Organización Mundial de la Salud). La definición de salud, con fecha del 1946, es la siguiente: “el estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones y/o enfermedades”. Por otro lado, unos años más tarde, en 1992, a esta definición se le añadió lo siguiente: “y en armonía con el medio ambiente”.

Ejemplos de enfermedades hay miles; podemos encontrar enfermedades de todos los sistemas, órganos o partes del organismo: enfermedades cardíacas, cerebrales, circulatorias, dermatológicas, autoinmunes, de la sangre, de los ojos, etc. Vamos a ver ejemplos concretos de cada uno de estos grupos de enfermedades (sólo de algunos):

  • Enfermedades de la sangre: anemia, hemofilia, leucemia…
  • Enfermedades autoinmunes: esclerosis múltiple, lupus, artritis reumatoide…
  • Enfermedades endocrinas: diabetes, obesidad, galactosemia…
  • Enfermedades infecciosas: herpes, SIDA, cistitis...

Así, con la definición de enfermedad hemos acabado de ver las muchas diferencias -aunque a veces sutiles- entre síndrome, trastorno y enfermedad.

Referencias bibliográficas

  • Amigo, I. (2012). Manual de Psicología de la Salud. Madrid: Pirámide.

  • OMS (2000). CIE-10. Clasificación internacional de enfermedades, décima edición. Madrid. Panamericana.

  • Real Academia Española. (2001). Diccionario de la lengua española [Dictionary of the Spanish Language] (22nd ed.). Madrid, Spain: Author.

Laura Ruiz Mitjana (Barcelona, 1993) es graduada en Psicología por la Universitat de Barcelona, con Máster en Psicopatología Clínica Infantojuvenil por la Universitat Autònoma de Barcelona. Se especializó en Trastornos del Neurodesarrollo. Actualmente trabaja como Psicóloga infantil en la Associació Catalana del Síndrome X Frágil y es redactora de contenidos de psicología y neurociencias en portales como MedSalud y Psicología y Mente.