Ictus: señales de alerta y posibles tratamientos

El infarto cerebral es una de las enfermedades neurológicas más comunes.
Ictus

El ictus, o infarto cerebral, se produce por una interrupción brusca del flujo sanguíneo, cuando un vaso del cerebro se rompe o se tapona.

Se trata de un problema médico grave, que conlleva una serie de secuelas de diferente gravedad. La buena noticia es que existe una serie de síntomas de alerta que nos permite detectar la aproximación de un ictus y actuar en consecuencia.

En este artículo conoceremos nueve señales de alerta del ictus. Si observamos uno (o más de uno) de ellos en algún amigo o familiar (o en nosotros mismos), deberemos acudir a urgencias de inmediato. Al final del artículo, además, hablaremos de los tratamientos habituales que se aplican en casos de ictus.

Ictus: ¿qué es? y tipos

El ictus, también conocido como accidente cerebrovascular (ACV), embolia o trombosis, consiste en una interrupción del flujo sanguíneo en alguna zona del cerebro.

Pueden suceder dos cosas; que un vaso sanguíneo se rompa, o que se tapone por algún coágulo. Si se rompe (ictus hemorrágico), se produce una hemorragia cerebral, y la sangre inunda ciertas zonas del cerebro; en cambio, si se tapona (ictus isquémico), ciertas zonas no reciben sangre y por lo tanto tampoco oxígeno, lo que puede provocar la muerte neuronal en dichas zonas.

Esto implica consecuencias y síntomas diversos para la persona, desde afectaciones cognitivas, hasta problemas de movilidad, sensibilidad, lenguaje, etc. (todo depende de la zona afectada y de otros factores).

9 señales de alerta

Existen, no obstante, algunas señales de alerta que nos pueden estar indicando que un ictus se aproxima.

Estas señales o síntomas de alerta se manifiestan en la persona que está a punto de sufrir un ictus. Conocerlas será de vital importancia y nos puede ayudar, ya que, en caso de que se produzca el ictus, podremos evitar que el daño sea mayor (interviniendo en los síntomas de forma temprana).

Vamos a ver las 9 señales de alerta del ictus más importantes a continuación.

1. Dificultades en el habla

Uno de los primeros síntomas de alerta de un ictus son las dificultades en el habla. Así, a la persona le cuesta formular frases con sentido, o incluso repetir una frase que le proponemos. De esta manera, si sospechamos que estamos ante un síntoma de alarma, podemos pedirle a la persona que nos repita una frase sencilla.

En el caso de que no lo pueda hacer, debemos estar alerta e incluso acudir a urgencias. Otra característica que puede manifestar es que no entienda lo que le estamos diciendo (dificultades de comprensión).

2. Alteraciones de la visión

Otra señal de alerta del ictus es una alteración de la visión. Esta se puede traducir en: visión borrosa, visión doble, pérdida de visión (en los dos ojos o en uno), etc. Aunque este síntoma, como los otros, puede ser consecuencia de otro trastorno diferente al ictus (o a veces del cansancio), debemos estar alerta y tomárnoslo en serio, acudiendo a Urgencias en caso necesario.

3. Dolor de cabeza súbito

El dolor de cabeza repentino también es una señal de alerta en el caso del ictus. Este se produce porque alguna zona del cerebro no está recibiendo su aporte de oxígeno necesario. Se trata de un dolor de cabeza de una intensidad inhabitual; además, aparentemente no existe una causa que lo justifique.

Por otro lado, a veces este dolor va acompañado de náuseas, vómitos, somnolencia, parálisis de alguna zona del cuerpo, etc.

4. Fallos de memoria

También debemos estar alerta si a la persona (o a nosotros mismos) nos falla la memoria de repente. Este fallo en la memoria no es el típico error de memoria que suele aparecer con la edad, sino que generalmente va acompañado de una gran confusión mental para la persona.

5. Pérdida de sensibilidad (“sonrisa torcida”)

Otro síntoma característico ante la aproximación de un ictus es la pérdida de sensibilidad en algunas zonas del cuerpo, especialmente en la cara (en un lado o en ambos). Se trata, de hecho, de uno de los síntomas de alarma más frecuentes.

Esta pérdida de sensibilidad en el rostro conlleva una incapacidad para sonreír (es decir, no podemos mover la parte derecha o izquierda de la boca). Así, la persona queda con la boca torcida. Además, la pérdida de sensibilidad se acompaña de otros síntomas, como por ejemplo una sensación de hormigueo en la cara (o en el brazo, pierna…).

6. Debilidad muscular

La aproximación de un ictus también puede ocasionar este otro síntoma de alarma: una debilidad muscular (o falta de fuerza), así como de sensibilidad en algún lado del cuerpo. Se puede comprobar pidiéndole a la persona que levante los brazos; si es incapaz de hacerlo (o uno de ellos cae “desplomado”), debemos preocuparnos.

7. Mareo

Sentir un mareo también puede estar alertándonos de la aproximación de un posible ictus. Este mareo también se puede traducir en una sensación de pérdida del equilibrio o en dificultades para caminar, y se debe a la pérdida de fuerza de un lado del cuerpo (o de ambos).

8. Entumecimiento

Otro síntoma de alerta, y además muy habitual, es un entumecimiento del cuerpo (o de una parte de él), que se traduce en una sensación súbita de debilidad en ciertos grupos musculares, y que suelen ser la pierna o el brazo. Además, también pueden aparecer problemas de movimiento.

9. Alteración de otros sentidos

Además de la visión, también pueden aparecer alteraciones en el resto de los sentidos: olfato, tacto, oído… Así, aparecen por ejemplo sensaciones extrañas relacionadas con los sentidos.

Posibles tratamientos

¿Qué tratamientos existen para el ictus? Estos variarán en función de su origen (ictus hemorrágico o isquémico) y de otros factores. Sin embargo, lo que está claro es que el tratamiento deberá iniciarse cuanto antes, lo más tempranamente posible.

A veces se requerirá una intervención quirúrgica que permita eliminar el coágulo de sangre, así como disminuir la presión intracraneal que está sufriendo el cerebro y que puede desembocar en una hemorragia cerebral. Si el ictus es isquémico (falta de oxígeno), el paciente deberá recibir un tratamiento farmacológico con anticoagulantes durante el resto de su vida.

Este último tratamiento es de carácter preventivo (pretende evitar la aparición de nuevos ictus), y también se aplica a pacientes con un riesgo elevado de padecer problemas cerebrovasculares y/o cardiovasculares.

Por otro lado, el tratamiento para intervenir en las secuelas originadas por el ictus será de carácter rehabilitador; es decir, consistirá en un tratamiento rehabilitador, que permita mejorar las funciones perdidas o dañadas. Este tratamiento, dependiendo de las secuelas, estará enfocado a mejorar la movilidad del paciente (fisioterapia), así como su lenguaje (logopedia) y otras funciones cognitivas como la memoria, la atención, etc. (rehabilitación neuropsicológica).

Referencias bibliográficas

  • Ministerio de Ciencia e Innovación. (2009). Guía de Práctica Clínica para el Manejo de Pacientes con Ictus en Atención Primaria. Guías de práctica clínica en el SNS. Ministerio de sanidad y política social.

  • Sociedad Española de Neurología. (1996). Manejo del paciente con enfermedad vascular cerebral aguda. Grupo de estudio de Enfermedades Cerebrovasculares.

  • Ustrell-Roig, X. y Serena-Leal, J. (2007). Ictus. Diagnóstico y tratamiento de las enfermedades cerebrovasculares. Revista Española de Cardiología, 60(7): 753-769.

Laura Ruiz Mitjana (Barcelona, 1993) es graduada en Psicología por la Universitat de Barcelona, con Máster en Psicopatología Clínica Infantojuvenil por la Universitat Autònoma de Barcelona. Se especializó en Trastornos del Neurodesarrollo. Actualmente trabaja como Psicóloga infantil en la Associació Catalana del Síndrome X Frágil y es redactora de contenidos de psicología y neurociencias en portales como MedSalud y Psicología y Mente.