Dimorfismo sexual: qué es, investigaciones y datos

Te explicamos por qué los diferentes sexos mantienen diferencias biológicas.
Dimorfismo sexual

¿Qué es el dimorfismo sexual? ¿Aparece únicamente en animales no humanos o también en las personas? A grandes rasgos, podemos decir que el dimorfismo sexual engloba aquellas variaciones entre machos y hembras de la misma especie. Es decir, sus diferencias sexuales.

En este artículo resolveremos de forma más exhaustiva estas cuestiones y además, conoceremos algunas investigaciones desarrolladas en torno al dimorfismo sexual en humanos. Además, veremos cómo estas variaciones mencionadas van más allá del simple aspecto físico o morfológico.

¿Qué es el dimorfismo sexual?

El dimorfismo sexual es un concepto de la biología que tiene que ver con las diferencias entre animales de diferente sexo dentro de misma especie. Concretamente, consiste en un conjunto de características que varían entre machos y hembras; estas variaciones tienen que ver con su fisiología o también su aspecto externo (por ejemplo colores, tamaños, formas…).

Sin embargo, se ha comprobado cómo a veces estas variaciones van incluso más allá del aspecto externo, y se extienden hasta aspectos psicofisiológicos, cerebrales y hasta epidemiológicos (especialmente en el caso de los humanos). Es decir, en dos palabras y a grandes rasgos, el dimorfismo sexual se puede resumir en: “diferencias sexuales”.

La mayoría de las especies, aunque no todas, manifiestan dimorfismo sexual; por otro lado, no todas las especies que lo presentan lo presentan en el mismo grado o nivel. Es decir, existen variaciones también en este sentido.

Un ejemplo de dimorfismo sexual es que las hembras de especies concretas, tales como aves, reptiles, anfibios, insectos… tienden a ser más grandes que los machos. Así, esto sería una característica englobada dentro del dimorfismo sexual. En otras especies, sin embargo, son los machos los más grandes en tamaño (por ejemplo en los mamíferos).

No debemos confundir el dimorfismo sexual con el polimorfismo sexual; el polimorfismo sexual, a diferencia del anterior, implica que miembros del mismo sexo (por ejemplo hembras) manifiestan distinto aspecto.

¿Cómo se manifiesta en el ser humano?

El dimorfismo sexual también aparece en los seres humanos, como animales que somos. La principal diferencia entre hombres y mujeres en cuanto a dimorfismo sexual se refiere, es la distribución de la grasa abdominal.

Esta distribución varía en ambos sexos, aunque no de la misma forma en todas las edades. Concretamente, y según la edad cronológica, las diferencias son las siguientes:

1. Primera infancia

Cuando nacemos y somos aún muy pequeños, esta diferencia en la distribución de la grasa abdominal es muy ligera. Es decir, se trata de una diferencia mínima; así, los cuerpos de los bebés y de los niños (tanto del sexo masculino como femenino) son más similares en este sentido.

2. Pubertad

Esta característica del dimorfismo sexual en la pubertad se hace más notoria en esta edad. Su explicación radica en las hormonas sexuales esteroides, que empiezan a actuar y que además, lo hacen de forma intensa, liberándose grandes cantidades de las mismas.

¿Cómo se traduce esto? Básicamente en que la acumulación de la grasa en las mujeres, a diferencia de los hombres, se acumula más en los glúteos, cadera y muslos (es la llamada distribución “ginoide”).

3. Edad adulta

Las diferencias anteriores en relación al dimorfismo sexual entre hombres y mujeres (en cuanto a la distribución de la grasa corporal), se van manteniendo constantes a lo largo del tiempo, hasta que llega la etapa de la menopausia.

En esta etapa, los niveles de las hormonas sexuales esteroides disminuyen, lo que cambia la distribución de la grasa entre hombres y mujeres; esto se traduce en que la grasa en las mujeres, en este caso, se acumula especialmente en la cintura (distribución “androide”). En los hombres, en cambio, estos cambios son menos notorios, aunque van aumentando ligeramente a lo largo de la vida.

4. A partir de la vejez

Posteriormente a la edad adulta, las diferencias se reducen y la forma de distribución de la grasa se asemeja tanto en hombre como en mujeres, que pasan los dos a tener una distribución androide (acumulación de la grasa en la cintura). Es decir, en esta etapa prácticamente ya no existe el dimorfismo sexual.

Qué es el dimorfismo sexual

Investigaciones: más allá del aspecto físico

El dimorfismo sexual en humanos va más allá del aspecto físico o de la distribución de la grasa corporal que hemos comentado. También aparece en el cerebro: en su organización y actividad.

Así, existen investigaciones que han determinado que el cerebro de los hombres y las mujeres varía en este sentido también; es decir, que su cerebro es (y funciona) diferente.

Cerebro

Dichas investigaciones, elaboradas principalmente por la profesora e investigadora María Paz Viveros, han evidenciado como el desarrollo del cerebro es diferente en ambos sexos (también en ratas).

Por ejemplo, se sabe que el período crítico de diferenciación del cerebro varía de ratas a humanos; mientras que en las ratas este período es perinatal, es decir, aparece unos días antes del nacimiento y se extiende unos días después, en los seres humanos este periodo es prenatal (es decir, aparece antes de nacer).

Pero, ¿qué ocurre en este periodo crítico? Ocurre que la testosterona y el estradiol proveniente de la testosterona (ambas hormonas gonadales), “masculinizan” el cerebro a nivel morfológico y funcional. Sin embargo, otros estudios también han puesto de manifiesto que el efecto de estas hormonas llega incluso hasta la adolescencia, lo que hace que la preadolescencia también se valore como un periodo crítico.

Así, estos periodos críticos de diferenciación del cerebro “masculino” y “femenino”, probablemente sean la causa del dimorfismo sexual en humanos. Sin embargo, existen otros factores que influyen en la aparición de este dimorfismo sexual, tales como: factores genéticos, epigenéticos (interacción entre la genética y el ambiente), hormonales y farmacocinéticos (interacción entre los fármacos y el organismo), etc.

Por poner un ejemplo, a nivel cerebral, una de las diferencias que encontramos entre el cerebro de hombres y mujeres está en el eje hipotalámico-hipófisis-adrenal. Este eje se encarga de regular cómo respondemos ante situaciones estresantes.

Enfermedades neuropsiquiátricas

El dimorfismo sexual, como ya hemos adelantado al inicio del artículo, puede ir más allá de variaciones en el aspecto físico o la morfología. Así, en el caso de los humanos este dimorfismo también se evidencia en algunas enfermedades o trastornos neuropsiquiátricos (o psicológicos) en su sentido epidemiológico.

Por ejemplo es el caso de las adicciones, donde se han observado diferencias sexuales en su prevalencia, proporción en determinadas zonas y periodos de tiempo, etc. También ocurre con la depresión o con la ansiedad , donde por ejemplo se sabe que este tipo de trastornos son dos veces más frecuentes -o incluso más- en mujeres que en hombres.

Por otro lado, las mujeres también son más vulnerables a padecer depresión, especialmente en determinados periodos de su ciclo reproductivo, en la etapa postparto o en el periodo perimenopáusico.

Referencias bibliográficas

  • Academy of Natural Sciences, ed. (1991). Proceedings of The Academy of Natural Sciences (en inglés) 143. Filadelfia, Estados Unidos.

  • Cahill, L. (2005). Dimorfismo sexual cerebral. Investigación y ciencia, 346.

  • Fernández, J. (2012). El estudio del dimorfismo sexual, elemento clave en la experimentación. Ciencia, Tribuna Complutense.

Laura Ruiz Mitjana (Barcelona, 1993) es graduada en Psicología por la Universitat de Barcelona, con Máster en Psicopatología Clínica Infantojuvenil por la Universitat Autònoma de Barcelona. Se especializó en Trastornos del Neurodesarrollo. Actualmente trabaja como Psicóloga infantil en la Associació Catalana del Síndrome X Frágil y es redactora de contenidos de psicología y neurociencias en portales como MedSalud y Psicología y Mente.